Durante mucho tiempo y hasta estos días recotados que vivimos, las frases pronunciadas por grandes escritores relacionadas con las bibliotecas eran amables y bonitas palabras y no hacían si no redundar en la expresión del amor por los libros y, por ende, las bibliotecas.
Hoy en día, empiezan a convertirse en una nueva marea de manifestación espontánea o no, reinvindicando el valor y la necesidad de no perder (¡se están cerrando bibliotecas!) un servicio público más que necesario para el futuro del país.
Julián Marquina recalcaba en su sitio web que "invertir un 1 euro en bibliotecas se traduce en un retorno de 2.49 euros a la sociedad". Este dato tan claro, conciso y llamativo ("a buen entendedor, sobran las palabras") era extrapolado (que no aislado) de la lectura del estudio presentado por FESABID , “El valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas”, con el que se pretende "poner en relieve el impacto social y económico de las bibliotecas de España en la sociedad, añadir valor a los datos cuantitativos recogidos para sacar conclusiones y mostrar que las bibliotecas son realmente rentables."
El estudio ha tenido eco en la red ya que desde bibliotecas universitarias, científicas, instituciones del mundo del libro o importantes grupos de estudio y opinión como el Grupo Durga de Traducción y Difusión se han pronunciado y destacado el estudio que no hace si no cotejar una realidad con tradición. Ahora es necesario que este estudio científico, serio y justificado (como otros anteriores) llegue a nuestros políticos y desdeñen posturas detestables como las de la Alcadesa de Telde y no nos veamos obligados a leer que en Galicia se han cerrado 45 bibliotecas en cuatro años a pesar que el aumento de usuarios es constante.
"La biblioteca es la más democrática de las instituciones porque nadie en absoluto puede decirnos qué leer, cuándo y cómo", afirmó en su día Doris Lessing y si JL Borges siempre imaginó "el paraíso como una especie de biblioteca" no deberíamos dejar el camino libre para que algunos se permitan mancillarlo...
Tenemos todos los recursos al alcance:






Esta ciudadana de tercera, poco original, y hasta funcionaria, hace suya tal afirmación y, al mismo tiempo, la rebate al leer el post de un compañero con tremenda capacidad y con poca suerte laboral (¿o es fiel reflejp de la realidad?), al seguir al protagonista por las redes pero sin monitorización y al expresar su humilde opinión…
Debo confesar que el nivel mostrado por los compañeros de #websoc13 del Máster de Bibliotecas y Servicios de Información Digital de la Univ. Carlos III me ha reprimido en muchos momentos a la hora ya no de comentar, si no incluso de redactar mis propias publicaciones en el blog.
Entiendo, sigo y coincido con lo expuesto en el blog citado en el fondo y en la forma. Hay diferentes y variadas herramientas de control y monitorización circulando entre la comunidad de web social. Incluso está demostrado "de forma brillante la utilidad que se les puede sacar a esos instrumentos de medición y visualización de datos para hacernos ver, como un gran telescopio, lo que no seríamos capaz de ver por nosotros mismos, extraer conclusiones y aplicar los resultados para tratar de mejorar nuestra actividad", aunque finalmente, son las personas las que están por encima de las redes, la mercadotecnia, la publicidad y todos los conceptos asociados, en muchos casos, a las redes.
Aunque también difiero (“y vivo sin vivir en mi porque no muero”) y lo hago porque también entiendo que como ciudadana de tercera poco puedo hacer ante las circunstancias expuestas: ¿sirve de algo la crítica a ese sistema en el que estamos incrustados y del que no podemos evadirnos? Desde luego, la crítica es necesaria “tanto como el respirar”. Si no hubiese voces disidentes no existirían personajes como Hanna Arendt; si no hubiese redes resultado de la evolución tecnológica, no habría consumo de las mismas. Un uso virtuoso de las mismas creo que sería lo ideal: aprovechemoslo en nuestro día a día, en nuestras bibliotecas.
Y esas nuestras bibliotecas tienen que evolucionar, como la tecnología, porque sus usuarios demandan otras necesidades y hablan por otras vías, luego tendremos que adaptarnos en la medida de lo posible y “de forma virtuosa”… ¿Tenemos capacidad de discrepar en ese contexto? ¿Podremos ser coherentes y aprovechar su excelencia? Mientras sea una nueva forma de comunicación estaremos en el camino; el problema vendrá si es un cambio feaciente de comunicación… Con todos los intereses que condicionan todo: la comunicación, las relaciones personales, la terminología, el mercado monstruo, la marca personal o no, la biblioteca como inversión (¡no cejemos en la lucha!).
Néstor, Iñaki, Silvana, Rafael, Beatriz, Ángeles...Tantos otros. Estamos incrustados; tenemos que jugar un papel; el mercado es un monstruo y las reglas del juego pasan porque nuestras bibliotecas en plena adaptación a los nuevos tiempos (¿provocados?) son dirigidas por funcionarios (o no) con otras reglas de juego que se llaman burocracia, meritocracia y organización con unos determinados objetivos o misión y visión y demás (¿hablamos de isos, procesos e instrucciones de trabajo?).
Juguemos a la nueva comunicación y mantengámonos personas y ayudemos a mantener comunicación entre personas, sea cual sea el medio....
¡Vamos! Aprendamos. Compartamos. Sigamos. Aportemos. Eso es lo que demuestra el devenir y lo que nos mueve.